El Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo de inicio en la infancia que, en muchos casos, persiste en la edad adulta y afecta a la atención, la organización, la gestión del tiempo, la regulación emocional y el funcionamiento diario.
Muchos adultos con TDAH no fueron diagnosticados en su infancia porque, durante años, el trastorno se identificaba principalmente en sus formas más visibles, como la hiperactividad y la conducta disruptiva. Los perfiles predominantemente inatencionales, con buen rendimiento académico o con una elevada capacidad de compensación, solían pasar desapercibidos. Todo ello ocurría en un contexto de menor conocimiento sobre el trastorno y de criterios diagnósticos más restrictivos.
Al llegar a la edad adulta, estas dificultades pueden persistir, aunque expresarse de forma diferente, con predominio de inatención, desorganización e inquietud interna. Con frecuencia, los síntomas se ven enmascarados por comorbilidades como la ansiedad o la depresión, así como por las estrategias compensatorias desarrolladas con el tiempo. La dificultad para reconstruir la historia de síntomas en la infancia también contribuye a que el diagnóstico se retrase hasta etapas más tardías, cuando el impacto funcional se vuelve más evidente.
En la edad adulta, la hiperactividad “visible” suele disminuir, pero puede persistir la inquietud interna, la impulsividad y las dificultades de atención y organización. Es habitual que la persona refiera que necesita esforzarse mucho para alcanzar el mismo nivel de funcionamiento que otros, con sensación de sobrecarga, fatiga o rendimiento irregular.
Síntomas frecuentes
El TDAH en adultos presenta una gran variabilidad. No todas las personas muestran los mismos síntomas ni el mismo grado de impacto funcional. Existen perfiles con predominio de inatención, de impulsividad o combinados, y la expresión del trastorno depende en gran medida del contexto vital, las demandas del entorno y las estrategias desarrolladas a lo largo del tiempo para compensar las dificultades.
En muchos casos, las dificultades se hacen más evidentes ante cambios vitales relevantes, como mayores responsabilidades laborales, estudios superiores, maternidad o paternidad, cuando las exigencias superan las estrategias de compensación previas.
Cuando no está identificado, el TDAH puede afectar de forma significativa al bienestar emocional y al funcionamiento diario. Es frecuente la sensación de ir “siempre al límite”, dificultades para mantener rutinas, problemas en el ámbito laboral o académico y una percepción persistente de no rendir acorde al propio potencial.
El reconocimiento del TDAH en la edad adulta permite dar sentido a estas dificultades, reducir la autocrítica y plantear estrategias de apoyo ajustadas a cada persona.
Cuando los síntomas son persistentes, afectan a más de un área vital (laboral, académica, social o familiar) y pueden rastrearse desde etapas tempranas (habitualmente antes de los 12 años), es recomendable una valoración especializada.
La indicación de consulta viene dada por la persistencia de los síntomas y, sobre todo, por su impacto en la vida diaria, más que por la presencia de algún síntoma.
No todas las dificultades de atención, organización o impulsividad corresponden a un TDAH. Estos síntomas pueden aparecer en múltiples cuadros psiquiátricos y médicos, por lo que el diagnóstico requiere una evaluación clínica exhaustiva.
El diagnóstico del TDAH en adultos requiere una evaluación clínica detallada que incluya la historia de los síntomas desde la infancia, el funcionamiento actual y el diagnóstico diferencial con otros cuadros que pueden presentar síntomas similares (como ansiedad, depresión, trastornos del sueño o consumo de sustancias). Es frecuente la presencia de comorbilidad, por ejemplo, ansiedad o depresión, lo cual también se valora en consulta.
Las escalas estandarizadas y las entrevistas clínicas estructuradas (por ejemplo, DIVA-5) son herramientas útiles para la evaluación del TDAH, y el diagnóstico se establece de acuerdo con los criterios diagnósticos del DSM-5. La valoración neuropsicológica puede aportar información complementaria sobre el perfil cognitivo, especialmente útil en casos complejos.
El abordaje del TDAH en adultos suele ser individualizado y puede combinar diferentes estrategias, entre ellas: